18 de julio 2010
 
 
La naturaleza es sabia. La buena noticia es que contamos con un equilibrio natural de fuerzas, en caso contrario los pedidos de indulgencia para la humanidad ya hubieran excedido cualquier límite, debido al grado de sus pecados, acumulativos y flameantes.
 
La sabiduría no se puede confundir con la acumulación desorganizada de conocimiento o el mal uso de los saberes, como el empleo de aviones para el combate bélico o de microcámaras para violar privacidades. Los inventores bien intencionados se decepcionarían. La capacidad creadora del hombre se convierte en deseos destructivos a la menor sombra de desequilibrio.
 
El avance de la técnica culminó en la transformación de los humanos en seres manipulables y vulnerables. Se sueña con robots que nos harán todo. Los medios de comunicación por su parte también condicionan mentes, inhiben la reflexión, moldean identidades.
 
Sin espacio en las cárceles chilenas, el presidente Sebastián Piñera pide un indulto a la Iglesia Católica para que millares de delincuentes comunes y violadores de los derechos humanos dejen de amontonarse en estos sitios de reclusión.
 
La lógica de exclusión de ineptos del sistema mercantil a través de la construcción desenfrenada de prisiones (algunas hasta con TV por cable y parrillas para churrascos, cuyas imágenes son mejores que las de muchas favelas brasileras) se repite en otros países latinoamericanos. Solo en el Estado de São Paulo, uno de los más industrializados de Brasil, se autorizó hace poco la construcción de 48 cárceles. ¿Caminan juntas, industrialización y marginalización?
 
A su vez, la Justicia argentina ha juzgado crímenes cometidos por ex-dictadores militares, que asesinaron, persiguieron y torturaron a opositores. Se estima que treinta mil personas desaparecieron de la Argentina en ese período. No existe justicia terrena que restituya los lazos familiares de millares de exilados, que se trasladaron a países como México o Francia, ni dinero que devuelva la esperanza a las familias que la dictadura desestructuró y expatrió.
 
Sin embargo, el motor nebuloso de la historia rectifica en algunas circunstancias y abre precedentes (¿modernos, posmodernos o ultramodernos?) para la vuelta de los golpes militares y de gobiernos impuestos, en naciones hasta ahora tenidas como soberanas. Por menos angelical que haya sido o que se le presente a Manuel Zelaya, Honduras asistió al derrocamiento de su presidente legítimo el 28 de junio de 2009. Un año después, el pueblo se manifiesta en apoyo a una institucionalidad democrática tan preciada, que les fuera arrebatada.
 
Ya que el consenso no es posible, ¡qué las mayorías decidan sobre el futuro de las naciones a las que pertenecen! Ni Dios ni el destino aguantan más de que se les adjudiquen tantas tareas.
 
A despecho de la pudrición de la maquinaria estatal brasilera, Dilma Rousseff supera a José Serra en las intenciones de voto por la carrera presidencial. Lo que más llama la atención en las elecciones de los tiempos actuales (todavía no la “Nueva Era” para infelicidad de los esperanzados) es el desplazamiento de la lucha política desde las calles y los partidos hacia la televisión. ¿Síntoma de una nueva época, o de locura?
 
Los candidatos principales se disputan tiempo de propaganda electoral en la televisión a través de las coaliciones entre partidos políticos. Treinta segundos que más o menos pueden hacer la diferencia en la aprobación de algunos de ellos. Proyectos para el país o ideas para el mundo ya no se discuten, visto que la imagen publicitaria es lo más importante y la ilusión de que los electores participan de los debates. La tal democracia (representativa) en una nueva arena.
 
Mientras tanto se discuten las grandes propuestas del presidente ecuatoriano Rafael Correa, que incentiva el uso del Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE) en el comercio entre países de América Latina y el Caribe. El mecanismo de trueques virtuales elimina el uso de monedas de otras regiones, como el dólar, y atribuye mayor autonomía económica a los países signatarios.
 
Si al menos pudiésemos visualizar el camino de paz y comprensión que podemos escoger entre tantos otros funestos, mereceríamos mayores indulgencias de la naturaleza.
 
Traducción: Miguel Guaglianone 
 
 
 

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