El Huracán Mitch arruinó este país, lo destrozó estructuralmente y si algún asomo de desarrollo teníamos en octubre de 1998, todo se fue al carajo. Cientos de puentes y edificios destruidos, largos trayectos de carreteras, miles de viviendas, cultivos y vidas humanas desaparecieron. La economía por los suelos y un puñado de corruptos administrando las ayudas que venían terminaron por hundirnos.
La ruina total. La naturaleza y nuestra ignorancia hicieron con nosotros lo que quisieron en aquella fecha aciaga. Hoy ya todo eso es recuerdo, duro y amargo, por las vidas que costó y por la tragedia como algo inevitable. Eso nos unió como pueblo, la comunidad internacional dijo presente con múltiples formas de solidaridad y todavía no tenemos con qué pagar tanta generosidad demostrada por tantos y tantos pueblos hermanos del mundo.
Nueve años después, cuando acaso nos recuperábamos de tan tremendo desastre, otra tragedia nos abate y deja al país otra vez en la ruina: El Golpe de estado del 28 de junio.
Los golpistas han arrasado con la economía de este pobre país más que el propio Huracán Mitch. Las fuerzas de los Huracanes, se comprende, son fuerzas naturales, impredecibles e indomables; es la naturaleza en su eterno cambio reclamándonos el daño que le hemos hecho, es la factura que desgraciadamente pagan los pobres.
Ante tamaño desastre el pueblo se ha unido otra vez, y otra vez la comunidad internacional ha dicho presente. Los motivos son diferentes, es cierto, pero los efectos son los mismos.
Las fuerzas que impulsaron el golpe son ‘‘humanas’’ pero parecen mayores que las naturales por el impacto nocivo provocado en la población. Decenas de muertos y desaparecidos, violación de los más elementales derechos humanos de la población, represión, toques de queda infames, empobrecimiento acelerado de las mayorías por un lado, y enriquecimiento ilícito de unos pocos por el otro.
Uno se pregunta ¿cuánto se habrán robado hasta ahorita estos pillos? ¿Cuántos años necesitaremos para recuperarnos de tan cruento golpe?
Por ahora estas preguntas no quizá no tengan respuesta, el tiempo lo dirá.
El Mitch nos dejó miseria, dolor y luto. El golpe también.
Pero además nos dejó algo hermoso; algo con lo cual no contaban los golpistas: Nos dejó la unidad de este pueblo heroico, la capacidad de resistir y la esperanza de triunfar, la fe de que el cambio es posible.
Gracias a los golpistas el pueblo hondureño recuperó su capacidad de indignación, de lucha y determinación y esa fuerza es mayor que cien Huracanes juntos.
La ruina total. La naturaleza y nuestra ignorancia hicieron con nosotros lo que quisieron en aquella fecha aciaga. Hoy ya todo eso es recuerdo, duro y amargo, por las vidas que costó y por la tragedia como algo inevitable. Eso nos unió como pueblo, la comunidad internacional dijo presente con múltiples formas de solidaridad y todavía no tenemos con qué pagar tanta generosidad demostrada por tantos y tantos pueblos hermanos del mundo.
Nueve años después, cuando acaso nos recuperábamos de tan tremendo desastre, otra tragedia nos abate y deja al país otra vez en la ruina: El Golpe de estado del 28 de junio.
Los golpistas han arrasado con la economía de este pobre país más que el propio Huracán Mitch. Las fuerzas de los Huracanes, se comprende, son fuerzas naturales, impredecibles e indomables; es la naturaleza en su eterno cambio reclamándonos el daño que le hemos hecho, es la factura que desgraciadamente pagan los pobres.
Ante tamaño desastre el pueblo se ha unido otra vez, y otra vez la comunidad internacional ha dicho presente. Los motivos son diferentes, es cierto, pero los efectos son los mismos.
Las fuerzas que impulsaron el golpe son ‘‘humanas’’ pero parecen mayores que las naturales por el impacto nocivo provocado en la población. Decenas de muertos y desaparecidos, violación de los más elementales derechos humanos de la población, represión, toques de queda infames, empobrecimiento acelerado de las mayorías por un lado, y enriquecimiento ilícito de unos pocos por el otro.
Uno se pregunta ¿cuánto se habrán robado hasta ahorita estos pillos? ¿Cuántos años necesitaremos para recuperarnos de tan cruento golpe?
Por ahora estas preguntas no quizá no tengan respuesta, el tiempo lo dirá.
El Mitch nos dejó miseria, dolor y luto. El golpe también.
Pero además nos dejó algo hermoso; algo con lo cual no contaban los golpistas: Nos dejó la unidad de este pueblo heroico, la capacidad de resistir y la esperanza de triunfar, la fe de que el cambio es posible.
Gracias a los golpistas el pueblo hondureño recuperó su capacidad de indignación, de lucha y determinación y esa fuerza es mayor que cien Huracanes juntos.



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